AFUERA fue un sueño que adapté cuando en medio de las cavilaciones propias de intentar comprenderlo recordé la película de Jacques Tati, “Mi tío”, en la que ironiza sobre el cambio en las costumbres que comienzan a girar alrededor de los electrodomésticos: la modernidad y su promesa de bienestar.
La modernidad reloaded recurre a estímulos mucho más perversos en tanto apunta exclusivamente al propio cuerpo y la relación con el entorno: la mutación corporal y el fenómeno de las redes sociales, garantía de integración social.
Un mundo ya no imaginado sino “imagenado” en el que la exhibición personal se ha convertido en la garantía principal a la hora de demostrar pertenencia.
El miedo a la exclusión que lleva a la falta de discernimiento: no poder ver que lo que se desea es lo que nos inducen a desear.
La indiferencia y la banalización como consecuencia.
La paradoja de que, creyendo pertenecer, quedamos afuera de nuestros deseos y necesidades más auténticas.
Finalmente llegamos a El Aleph de Jorge Luis Borges: “el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos.”