En
los dos primeros capítulos del Génesis existen dos versiones
diferentes acerca de la creación. Por alguna razón, la
versión más difundida es la del segundo capítulo,
donde la mujer es creada a partir de la costilla del Adán, legitimando
con esto su condición de dependencia y subordinación,
en tanto que es producto de un miembro del varón: 2/23 “Y
dijo entonces Adán: esto es ahora hueso de mis huesos y carne
de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón
fue tomada”.
La Iglesia Católica justifica la negativa acerca del acceso de
la ordenación de las mujeres a partir de este pasaje bíblico,
ratificado en Timoteo 2: 11/15, donde se expresa que: "La mujer
aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la
mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar
en silencio. Porque Adán fue formado primero, después
Eva”
Para
algunos cabalistas, los versículos que hacen referencia a la
creación del hombre y de la mujer en el segundo capítulo,
contienen un error básico, ya que la palabra “tzela”,
que es traducida como “costilla”, significa “costado”.
Para ellos no es más que el relato de cómo Dios separó
al hombre y a la mujer, dado que estando unidos por la esplada era difícil
la comunicación, y también, llevar a cabo el mandato divino
de “creced y multiplicaos”, de ahí que fuera necesaria
la separación –operación realizada por el costado-,
“para que siempre se necesitaran y lograran la unidad”.
Para
Robert Graves y Rafael Patai, la narración del primer capítulo
podría estar relacionada con Lilith, quien según la tradición
judía, fue la primera mujer de Adán.
Lilith, la primera mujer, ante su reclamo de igualdad de derechos simbólicamente
expresada en la relación sexual al pretender permanecer sobre
Adán, es expulsada del paraíso y luego condenada por Dios
a parir cientos de niños por día y matarlos, al negarse
a volver a él. Es entonces convertida en demonio. Su presencia
es utilizada para declarar “pecado” la masturbación
masculina, ya que según la leyenda, ella estimula sexualmente
a los varones, especialmente cuando duermen, para corporizar los demonios
a partir del semen “caído al vacío”. Y para
mantener a la esposa seriecita y recatada, se impuso un rito en el siglo
XIII en el que en la noche de bodas, el varón debe recitar unos
versos para alejar a Lilith del tálamo matrimonial, luego del
cual debe rodear la cabeza de su esposa y la suya propia con lienzo
blanco y tirar agua bendita alrededor del aposento. Después de
este preámbulo amoroso de intenso erotismo, la pareja podía
concretar la unión carnal. Cuando nacía un varón,
para espantar la presencia de Lilith se debía escribir en la
puerta de ingreso al dormitorio los nombres de Senoy, Sansenoy y Semangelof,
los tres ángeles a los que Dios envió a buscar a Lilith
cuando abandonó a Adán. Y si el varón recién
nacido sonreía durante el sueño, se le debía dar
golpecitos en la boca y recitar un texto para espantar a Lilith.
Para el rabino Morris Margolies, profesor de Historia Judía en
la Universidad de Kansas,
“Lilith bien podría ser la otra cara de Eva. Si Eva es
maternal, respetable, subordinada a su marido y sumamente digna, Lilith
es sexual, deshinibida, apasionada, independiente y nada convencional.
Lilith ha sobrevivido porque, a pesar de haber sido demonizada por una
literatura escrita por hombres, ella no es un demonio. Es un aspecto
esencial de la feminidad relegada a un estado inferior por el temor
y la ambivalencia de la masculinidad”.
En
La creación expreso la contradicción de estos textos bíblicos
y la problemática que ha generado y genera la negación
de la figura de Lilith como esencia femenina, la decisión individual
que cada una de nosotras debe tomar a la hora de elegir su rol en la
vida familiar y social.
Validar
la versión de la creación presente en el primer capítulo
del Génesis implicaría internalizar una concepción
bien distinta acerca del poder, ya que éste dejaría de
ser monopolio del varón.

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